Pío Moa explica su expulsión de Libertad Digital

Una pequeña historia poco edificante
Muchos me preguntan qué ha pasado conmigo en Libertad Digital. La verdad es que yo mismo no lo sé muy bien. Si hay “corrientes subterráneas” en ello, lo ignoro,  y solo puedo dar mi interpretación un tanto desde fuera.
Hace once años, a raíz de la publicación de “Los orígenes de la guerra civil”, Javier Rubio me ofreció colaborar en Libertad …>>
Digital. Acepté por dos motivos: me ofrecía una tribuna para expresarme,  y LD me pareció un magnífico proyecto, de un nivel intelectual mucho más alto que la media –muy baja– del páramo cultural en que ha sumido al país la demagogia progre. Este sí es un páramo, y no el  supuesto al franquismo. LD ha sido un excelente medio de opinión, análisis e información y espero que continúe siéndolo  después de mi exclusión, pues, al margen de mi experiencia personal, últimamente mala, creo que la empresa y sus promotores han hecho un gran bien a España. Añado que mi interés económico era escaso, porque cobraba muy poco por los artículos y nada  por el blog. No me importó, porque si un periódico aspira a un nivel de excelencia, será inevitablemente minoritario y por ello con cierta estrechez material. Máxime en el basurero en que se mueve la mayoría de los medios.
Mis relaciones con Jiménez Losantos y César Vidal fueron buenas durante años, pero desde hace cosa de dos, aproximadamente, empeoraron, no sé bien por qué. He publicado libros como “Nueva historia de España“,  con enfoques originales sobre nuestro pasado, o “La Transición de cristal“, que Stanley Payne ha considerado el mejor libro sobre el asunto, y ninguno de los dos me llamó, como antes solían, para entrevistarme. Y en junio  pasado Federico soltó una extraña diatriba: “Nacimos para defender la libertad y España (…) O sea, ni a Franco ni al Marqués de Villaverde. Ni a Laureano López Rodó (…). Los que quieran refundar el franquismo, que lo hagan en otro sitio”. Muchos intepretaron que se refería a mí, pero yo lo consideré de otro modo. Señalé simplemente que la democracia en España no venía históricamente  de Libertad Digital ni de ningún liberal ni de los que se han proclamado demócratas estos años, y menos aún de los antifranquistas, cuya mejor descripción la da anticipadamente el propio Azaña; ni fueron ellos los que libraron a España del Frente Popular y su proceso revolucionario.  La libertad y la posibilidad de convivencia en libertad y sin convulsiones  han nacido del olvido de los viejos odios de la república  y la reconciliación consiguiente, de la paz y la prosperidad conseguidos por el franquismo, mientras que las mayores amenazas para la democracia tienen la marca del antifranquismo. También por entonces Federico y César propugnaban la peregrina idea de hacer un referendum para expulsar a Cataluña de España, idea que rebatí en otros artículos. Y hubo la polémica no sobre la homosexualidad –en cuyos aspectos médicos o morales no he entrado–,  sino sobre la política homosexualista hoy impuesta.
Estos debates no debieran haber creado mal ambiente, pues en un órgano liberal deben ser no solo posibles, sino obligados como prueba de viveza intelectual; pero parece que, por desgracia, no fue así. Tuve la impresión de que había una voluntad de echarme de LD, que confirmó César Vidal mediante “acotaciones” ineducadas, insidiosas, y con  numerosas falsedades. Le repliqué y él quedó francamente mal, no por sostener unas posiciones a las que tenía obvio derecho, sino por el modo como lo hizo y su claro designio de expulsarme, que así quedó momentáneamente frustrado.  Últimamente ha escrito una serie de artículos de propaganda calvinista, cuyas tesis puse en cuestión precisamente por defender a LD de aparecer oficial u oficiosamente como un órgano de interpretación protestante de la historia y de la actualidad. Tampoco estaba saliendo don César muy bien parado, a mi juicio.
Por otra parte mis columnas de opinión iban siendo ninguneadas, rebajándolas de la primera línea a la tercera y finalmente a la sección de los menos leídos. Pregunté si descendía el número de lectores y me confirmaron que mis artículos y el blog eran de los que recibían más visitas. Protesté entonces, con algún éxito al principio, pero como la maniobra se repetía les anuncié que dejaba de publicar en Opinión (aunque no en Suplementos ni con el blog). Puedo aceptar que me paguen muy poco, pero no que me traten con tal falta de respeto. Este anuncio sirvió de pretexto para eliminar todas mis colaboraciones. Pretexto, porque nadie puede creer que sea un argumento mínimamente razonable.
En fin, ha sido un golpe para mí, pero creo que también para Libertad Digital, y lo siento en los dos casos. Deseo lo mejor a este órgano de expresión que, dado el ya mencionado páramo cultural, sigue cumpliendo una función muy necesaria con un excelente plantel de comentaristas, incluidos Federico y César, brillantes cuando están en mejores horas.
El blog Presente y pasado, de Pío Moa, ahora se publica en Intereconomía.
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Una respuesta a Pío Moa explica su expulsión de Libertad Digital

  1. Pues Intereconomia es su lugar natural. francamente

    Francamente, en su debate con Jose Maria Marco que recordemos se fue asqueado de LD, no me parecio otra cosa que un Alfredo Landa con doctorado. Ni menos ni menos.

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