¡Cuerpo tierra, que vienen los nuestros! por Vidal-Quadras

Las drásticas medidas fiscales decididas por el Gobierno del PP han sumido a la ciudadanía en general en la estupefacción y a sus simpatizantes en particular en la indignación.
Se sabía desde hace meses que el déficit público sobrepasaría ampliamente el 6% previsto por el anterior Ejecutivo y que se situaría por encima del 7.5%. Por tanto, la cifra que ahora se baraja como definitiva, del orden del 8%, estaba ya descontada.
Si hubo un compromiso electoral reiterado hasta la extenuación fue el de evitar a toda costa las subidas de impuestos con el argumento, muy acertado por otra parte, de que exprimir aún más a las empresas, a los autónomos y a los asalariados tiene efectos profundamente negativos en tiempos de recesión y que la política que se iba a practicar sería la de una combinación de austeridad extrema del Estado, reestructuración de las Administraciones, mejora de la competitividad y estímulos a la creación de empleo.

Apenas sentados en sus sillones ministeriales, los nuevos responsables de la estrategia económica nos atizan un latigazo impositivo de los de aquí te espero y poco se oye de entrar en serio en la eliminación de la infinidad de duplicidades, ineficiencias y despilfarros existentes en de los tres niveles, central, autonómico y local, muy especialmente de los dos últimos.
El saqueo de los bolsillos de PYMES y familias mientras se multiplica por diecisiete lo que debería estar a cargo de un único polo de gestión y de gasto, descentralizado sin duda, pero no fragmentado, y se permite que muchos Ayuntamientos se comporten como diminutos imperios faraónicos, no admite pase y puede provocar una reacción airada de los españoles difícil de controlar.

El camino elegido por el nuevo Gobierno -por lo menos inicialmente- para sanear el erario demuestra, si no se rectifica rápidamente complementándolo con una reforma radical del tinglado de las Autonomías y de los poderes locales, que el sistema creado a partir de la Constitución de 1978 es una partitocracia voraz creada para beneficio exclusivo de una clase política hipertrofiada que, con independencia de su etiqueta ideológica, vive en sí y para sí a costa del sufrido contribuyente.

Los casi once millones de votantes del PP del pasado 20 de noviembre y los que nos secamos la boca proclamando que una mayoría absoluta de centro-derecha era una necesidad estructural para salir de la crisis, nos veremos obligados si esto no se arregla en los próximos meses a dar por bueno el célebre grito de: ¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!

Aleix Vidal-Quadras

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