¿Cruces entre antiguas estirpes humanas? por Juan Luís Arsuaga

Juan Luis Arsuaga

Juan Luis Arsuaga

Quienes nos apasionamos con la evolución humana estamos viviendo unos años inolvidables. No sólo se han encontrado fósiles magníficos e incluso especies desaparecidas de las que no teníamos la menor noticia, sino que ha hecho irrupción una nueva especialidad científica: el estudio del ADN antiguo, la paleontología de las moléculas.

En realidad, la biología molecular llevaba décadas revolucionando el estudio de la variabilidad humana y esclareciendo nuestras relaciones con los grandes simios. Fue en el laboratorio donde se descubrió que nuestra especie era muy reciente y que todos venimos de África. Pero disponemos también desde hace poco del ADN mitocondrial y nuclear de dos especies (o subespecies) humanas desaparecidas recientemente: los neandertales y los denisovanos.De los primeros conocemos bien su morfología, de los segundos prácticamente no sabemos nada.

Ahora se ha dado un nuevo paso adelante en la investigación genética -que es también un gran paso hacia atrás en el tiempo geológico- con la secuenciación del genoma mitocondrial casi completo de un humanoque vivió en Atapuerca hace mucho tiempo. A los paleogenéticos les sale, con sus cálculos basados en mutaciones, que habitó la Sierra hace 400.000 años, aunque podría ser algo más antiguo según las dataciones paleontológicas y geocronológicas.

Este descubrimiento del ADN humano más viejo de la historia no habría sido posible hace un par de años. La historia es como sigue. En el año 2006 Cristina Valdiosera, una investigadora del equipo de Atapuerca, publicó que los osos de la Sima de los Huesos conservaban segmentos muy pequeños de ADN mitocondrial.

Más adelante, el equipo de Matthias Meyer del Laboratorio de Genética Evolutiva (que dirige el célebre investigador Svante Päabo) del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, desarrolló una nueva técnica para trabajar con segmentos ultracortos (menos de 50 pares de bases) de ADN, lográndose este mismo verano el genoma mitocondrial completo (unos 16.000 pares de bases) de un oso encontrado junto con los fósiles humanos. El camino para buscar ADN humano estaba ya abierto.

Finalmente hemos dado a conocer un genoma mitocondrial casi completo procedente de un fémur humano de la Sima de los Huesos. Para sorpresa de casi todos, este genoma se relaciona antes con los denisovanos asiáticos que con los neandertales europeos. Existen varias interpretaciones para este resultado. Quién sabe si los de Atapuerca y los antepasados de los denisovanos se cruzaron con unos humanos de estirpe antigua que también vivían en Eurasia. Tal vez el siguiente genoma mitocondrial de la Sima que se logre secuenciar (seamos optimistas) resulte más parecido al de los neandertales, lo que indicaría que había por aquel entonces cierta diversidad. En todo caso, el problema no se resolverá hasta que se recuperen otros genomas antiguos, en la Sima y fuera de ella. Esta es una de esas historias que terminan con la celebre palabra “continuará”.

ABC

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