El hombre que nos apeó el tuteo, por Santiago González

Verónica

Los dos últimos párrafos del Correo Catalán de Arcadi Espada ayer en El Mundo eran así:

“Así, Verónica [Puertollano]  abrirá el youtube del discurso llorón de Carlos Arias [Navarro], el 20 de noviembre de 1975: “Yo sé que en estos momentos mi voz llegará a vuestros hogares entrecortada y confundida por el murmullo de vuestros sollozos y vuestras plegarias”.. Y luego el que cerraba la campaña de Adolfo Suárez, el 14 de junio de 1977: “Vengo a hablarles de un nuevo horizonte para España”.

Una vez vistos y oídos dirá Verónica con su alegre, febril y redicha solemnidad: “Suárez fue el que devolvió el usted a los españoles”.”

Cada vez que se hable de la transición, cada vez que se hable de Suárez, habría que repetir esta frase de Verónica. Nunca se ha dicho nada tan exacto y a la vez tan hermosamente literario sobre la cuestión: las dictaduras apean a los ciudadanos del respeto que la democracia les guarda. Franco tuteó a los españoles durante 40 años: en cada discurso de nochevieja, los 18 de julio, en la inauguración de pantanos, en los Nodos, y si se había de comulgar, naturalmente, que para eso estaban los congresos eucarísticos.

La cosa mantuvo una cierta seriedad con Suárez y durante el breve interregno de Calvo Sotelo. Luego, ya con los socialistas, la democracia empezó a mostrar holguras y los periodistas tuteaban en las ruedas de Prensa: “oye, ministro…” y en los platós de televisión. Y vino el besuqueo, que luego adoptó el PP sin rechistar. Esa llaneza en el trato. Recuerdo un acto en Bilbao con motivo del 25 aniversario del Centro Regional de TVE. Estuvo el presidente Aznar y la directora general del ente, Mónica Ridruejo. Se saludaron ante las cámaras con un par de besos. Hollande, el salaz motorista de las noches parisinas no haría eso, aunque no cabe descartar que le pidiera su dirección y a medianoche se calzara el casco, pero ante las cámaras cambiaría un discreto apretón de manos.

La puesta en escena es importante. Ni en la política ni el periodismo deberían hacernos presuponer mayores relaciones de complicidad entre los cargos públicos, entre entrevistador y entrevistado. Ni los políticos ni los periodistas deberían ser cariñosos en el ejercicio de lo suyo. Esa era la razón de la sensación de desagradable que me produjo ver a la ministra de Empleo besando a un portavoz de Amaiur en el Congreso, a los muy honestos y abnegados concejales populares de San Sebastián alternando en foto festiva con su alcalde bildutarra.

Évole es un periodista que tutea a sus entrevistados (y entrevistadas, claro). Desde la altiva princesa a la que pesca en ruin barca. Cuando era aún el Follonero entrevistó a la ministra de Igualdad. Uno comprende que se le hiciera difícil tratar a esta chica de usted. Ella, en justa compensación se sinceró con él durante la cena. En un momento dado le sonó el teléfono y ella, criatura, mostró la pantalla de su móvil a Évole (y a la cámara). “Mira, Rubalcaba”, dijo y obligó a La Sexta a borrar el número para no dar a conocer el teléfono del ministro del Interior a todos los telespectadores. Como ha pasado aquí hace quince días con el del presidente Rajoy, un suponer, y por gente más consciente.

Pero debo decir que me planté como espectador el día que lo vi en amable tuteo con Arnaldo Otegi, la sonrisa del brazo político del terrorismo. Évole niega condescendencia: “Yo no colegueé. Lo único que hice es realizarle preguntas. Es cierto que Otegi se coloca en un plano distinto, porque nunca he entrevistado a nadie que no condene la violencia, pero mi actitud no fue de colegueo, sino que con una actitud agresiva no vas a obtener lo que buscas. No ganas nada”.

Vean el video, que exime de hacer comentarios. Y recuerden aquella modélica entrevista de Leyre Iglesias al reciente diputado general de Guipúzcoa, Martin Garitano. Me quité radicalmente, aunque no de manera definitiva. Volví para mi desgracia la noche del programa sobre el  23-F.

Pero eso, como diría Moustache, es otra historia. O quizá la misma. Lo que yo quería contar aquí, entre tanto obituario anticipado, es esa formidable, relevante conclusión de mi querida Verónica Puertollano, que nació después de aquello y se ha graduado en Transición con los vídeos de Victoria Prego: Lo que debemos agradecerle a Adolfo Suárez es que nos apeara en tuteo y empezara a tratarnos de usted. Aunque nos durase poco, porque a nosotros nos va más el exceso de confianza en el trato, esa campechanía que consideramos la esencia de la democracia.

Blog de SG

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