Daniel Ortega, el líder revolucionario que abre negocios millonarios y controvertidos a China

El presidente de Nicaragua entregó a un empresario chino la construcción y explotación de un estratégico canal interoceánico

Por Hinde Pomeraniec  | Para LA NACION

daniel-ortegaEl presidente de Nicaragua entregó a un empresario chino la construcción y explotación de un estratégico canal interoceánico

Acostumbrado a que su esposa, Rosario Murillo, hable por él, ese día el presidente Daniel Ortega buscó sus mejores palabras para la inauguración de la obra tan esperada. “Es un proyecto que traerá bienestar, prosperidad y felicidad para el pueblo de Nicaragua”, dijo el líder sandinista sin recurrir a grandes figuras retóricas. Hablaba de un canal, el Gran Canal lo llaman, pero también hablaba de un antiguo sueño que los nicaragüenses vieron desvanecerse una y otra vez; un sueño y un ideal en el que hasta el propio Bolívar depositó esperanzas para salir de la pobreza y el estancamiento, y en el cual veía grandes posibilidades de concretar su anhelo de unidad latinoamericana.

En los últimos días de diciembre, sin licitación ni consulta popular y luego de un trámite parlamentario exitoso, el misterioso empresario chino Wang Jin (41) obtuvo por parte del gobierno de Ortega, el político antiimperialista que fue líder revolucionario en los 70 y los 80, un generoso contrato por 50 años y la posibilidad de renovarlo por 50 más para construir y explotar con absoluta libertad un canal interoceánico en el país más grande de América Central.

Si todo sale como está planeado, en el año 2020 una cicatriz de 275 kilómetros -casi tres veces el Canal de Panamá-, de entre 250 y 500 metros de ancho y de una profundidad de hasta 30 metros, con 12 exclusas y un valor de US$ 50.000 millones -unas cinco veces el PBI del país- unirá el Atlántico y el Pacífico para permitir el paso de embarcaciones de todo tipo. Inversiones, comercio, cientos de miles de empleos, zonas francas, desarrollo y un lugar en el mundo: todo eso debería venir de la mano del Gran Canal.

Las dudas son muchas. Los empresarios y, en general, el mundo de los negocios apoya este emprendimiento faraónico defendido por Ortega como la gran promesa de tiempos mejores. Los viejos sandinistas que hoy son oposición y los ambientalistas se oponen. Argumentan que no se conocen los estudios de viabilidad económica y comercial (o sea, aún no se sabe de dónde va a salir el dinero) y que no se han hecho los estudios de impacto ambiental indispensables. Una de las mayores preocupaciones es el lago Cocibolca, la mayor reserva de agua dulce de América Central (tiene 8000 kilómetros cuadrados), ya que para la construcción del canal habrá que dragar unos 105 kilómetros del lago y las consecuencias ecológicas podrían ser desastrosas. Las populosas marchas de protesta que llevaron adelante junto con campesinos a punto de perder sus tierras no parecen haber torcido el rumbo de la empresa.

Los tiempos cambian, como cambian el mundo y las personas. Pero algunos cambian más que otros, aunque mantengan una retórica encendida y se sigan utilizando las palabras “yanquis” e “imperio”.

La Nación

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