El potente poder destructor del turismo: Venecia, Ibiza, BCN, Palma, Machu Pichu, Bali…

Como todo, el turismo suele tener dos caras. Una maldición y una bendición. Y ambas deben ser valoradas en su justa medida y en cada momento. Y sobre todo, sobrevolando ambas, el turismo es un fenómeno de masas que constituye un fenomenal negocio internacional  y globalizador.

Por ello no deben despreciarse sus efectos secundarios negativos en las

comunidades locales. Ciudades tan poderosas como Venecia o Barcelona ya han probado las mieles y las hieles del turismo masivo, por lo que están desarrollando una creciente turismofobia.

 

Palma de Mallorca e Ibiza han tenido una gran oportunidad, desde 2011 a 2018: conocer los efectos de primera mano de un turismo avasallador. Baleares tiene un millón y cuarto de habitantes, pero ha visto en ese intérvalo la llegada de 16.596.194 visitantes, de turistas. Casi 5 de ellos (o más) han recalado en Ibiza-Formentera, posibilitando unos crecimientos irracionales y suicidas.

 

No se trata de acabar con el turismo, sino de gestionarlo activamente. Una densa amenaza se cierne el futuro próximo de Ibiza: los cruceros, que ya han renunciado a las ciudades del Norte de África.

Cualquier viajante curioso descubrirá que las autoridades peruanas de Cuzco están muy intranquilas con el creciente éxito turístico para visitar las ruinas del Machu Pichu, pese a que cuesta la entrada 4o euros. Diariamente se abandonan toneladas de basura en la cima que hay que retirar. También las paredes y las escaleras acusan la presión humana.

Una ciclista aparca su bicicleta cerca de la Estación Central de Ámsterdam. (Reuters)

El Ayuntamiento de Amsterdam acaba de prohibir las visitas turísticas en grupo al Barrio Rojo de prostitución, una atracción fatal para muchos turistas que solo van a incordiar. Pero en toda la ciudad cunde la misma sensación que en Ibiza: “Vivir aquí es una pesadilla”.

Las profesionales del sexo se quejan con amargura del maltrato y las burlas de los turistas.

Es el maldito turismo de parque temático. Una bendición, pero no hay quien la soporte.

Mariano Planells

 

***

Las ruinas en peligro

 

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