Apoteosis falsaria, por Hermann Tertsch, ABC

“Descubierto y reo de sus mentiras como lo es hoy Pedro Sánchez, desenmascarado en brutal claridad por Javier Chicote y otros miembros de la redacción de ABC, es inaudito que se mantenga en su cargo.”

Sánchez es la traca final de la infame mentira antifranquista

En España hemos tenido multitud de gobernantes cínicos y soberbios y, desde luego, unos cuantos que despreciaban a sus gobernados y no los consideraban merecedores de muchas verdades. Hay grandes mentiras en nuestra historia, una y otra vez. Lo que nunca ha tenido España es un jefe de Gobierno que encarnara la mentira, tan carente de vergüenza para vivir en la mentira y de la mentira ante los ojos de todos. Ninguno habría soportado en el cargo la

inequívoca exposición pública de las evidentes y probadas mentiras y engaños que jalonan la biografía de este. Descubierto y reo de sus mentiras como lo es hoy Pedro Sánchez, desenmascarado en brutal claridad por Javier Chicote y otros miembros de la redacción de ABC, es inaudito que se mantenga en su cargo.

Un mentiroso así es despedido de correos o ferrocarriles hasta en Rusia, es expedientado en toda administración de un país civilizado, expulsado de cualquier club de cierto señorío y despreciado en los bares de barrio. Pero a Sánchez le bastan la desvergüenza y la falta de sentido del honor para seguir en el cargo y volverse a postular. La mentira total de alguien que miente más que habla es culpa, vicio o enfermedad del que lo perpetra. Pero la impunidad de sus actos y mentiras obscenas es culpa de los demás. Se ha permitido tanto tiempo la mentira y su impunidad que ya es parece una opción tan legítima como la verdad.

En el franquismo se mentía mucho. Pero llegó la democracia y se empezó a mentir aun más. Así se impuso la mentira antifranquista de que la república fue muy buena y Franco muy malo, y todos los españoles éramos antifranquistas perseguidos y muchos resistentes. Todos éramos buenos y demócratas salvo cuatro generales, dos obispos y tres ricos. Esos pocos eran el mal absoluto que había gobernando 40 años con un general que murió en paz en la cama. Nadie se preguntaba cómo había sido posible esto. Todos sabían que era mentira, pero todos la aceptaron y asumieron. No hacerlo era entre incómodo y peligroso. Quien decía la verdad era facha y tenía ya más garantizada la represalia que los discrepante en ese tardofranquismo que cada vez se pintaba con tintes más grotescos en los que nadie se reconocía. Todos aceptaban las nuevas mentiras oficiales porque no había coraje de enfrentarse a ellas. En ciertas regiones bajo el nacionalismo antiespañol se convirtió en una esperpéntica doctrina oficial sin verdad alguna. Pero en toda España se aceptó la mentira como realidad porque todos sabían que los demás aceptaban las mismas mentiras que uno mismo. Es esa terrible complicidad en la mentira antifranquista la que nos ha traído como apoteosis final de la senda equivocada a este falsario total de Sánchez. Acabar con él será exorcizar la mentira antifranquista. Y tomar la senda de honrar la probidad y la verdad que tanto tiempo hubo miedo de proclamar. En eso estamos. En recuperar la verdad que vuelve a resonar, con las banderas nacionales en todas las ciudades de España.

Hermann Tertsch, ABC, 7 de abril 2019

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